PP
O lo que es lo mismo, Pelis y Piratas.
Hace dos semanas, en Días de Cine, un exhibidor que no exhibicionista criticaba el top manta y las descargas de películas. En los 10 minutos de apocalíptico discurso sólo durante un momento dejó ver que el problema podía ser achacable a otras razones.
Le comprendo, cuando algo sale mal en mi trabajo pocas veces digo que la que he cagado yo. Por eso este hombre no habló de las plataformas digitales, del aumento de la oferta de ocio o de la manía de trasladar los cines al extraradio y meter 12 salas en las que sólo hacen 3 películas. Como algunos videoclubs.
No sé porque se extrañan, si coges una alternativa de ocio y la conviertes en un producto de usar y tirar, eres el primero que le está restando valor. ¿Es qué quiero pagar 10 € por ver Rambo en digital? Ni de coña, si voy a verla para pasar un rato prefiero que sea una opción barata para divertirme con los amigos, no necesito más.
Del cine que se hace en España es difícil hablar, mientras le paguemos el chiringo a gente como Albert Serra o Jaime Rosales, vamos directos al nirvanarty supremo, el cénit zen del cine cómo expresión artística de los cuencos pelusoides de sus vientres. Pero estoy divagando...
¿Dónde está Enrique Urbizu? Si quieren que la gente vaya más al cine, bien podrían centrarse en ese tipo de cine que es contar historias, cómo el de Miguel Albaladejo o Ventura Pons. Sin osadas apuestas artísticas, porque si hay subvención no hay valentía.

